Cuando se humaniza elemento cotidiano nunca sabemos que va a ocurrir. Llevamos viéndolo desde nuestra infancia: ese conejo favorito, o aquel coche que nos miraba enfadado desde el cuento antes de ir a cenar.

Ése fue el caso de nuestros bombones que salieron del anonimato de su caja de bombones para contar una historia a una persona. Pero ese cuento, solo lo sabe ella.